Tras las puertas del palacio

«El mayor mérito del hombre, consiste en determinar sus circunstancia y no dejar que las circunstancias lo determinen a él.»

— Goethe.

El calor intenso de la ciudad nos envuelve esta tarde de julio y parece que emanara de las juntas de los adoquines para filtrarse por cada rendija. La ciudad ruge, el barrio hierve, los bares se despiertan de su letargo y los camareros discuten en la calle mientras apuran un cigarro entre mesa y mesa. En la academia de baile, la profesora se estira, apoyada en la barra y las campanas de la iglesia nos recuerdan que son las cinco de la tarde. Junto a ella, una cola de hombres y mujeres sin techo esperan a que abran las puertas del albergue de caridad, con su vida en una maleta.

Junto a la esquina de los ultramarinos, Malena ofrece los ramos de liliums blancos, rosas y naranjas que asoman del carrito, con los tallos a remojo, sin desesperarse ante el sol que atormenta sus flores ajándolas prematuramente. Frente a ella, la esteticista china se abanica apoyada en el quicio de su tienda, esta tarde sin clientes. Y sobre ellos, un cielo inclemente hostiga sin sombra a los turistas que hacen cola frente a la taquilla del tablao flamenco para reservar el espectáculo de esta noche.

El inmenso palacio, es un alma más de aquel micro mundo de la calle Esperanza. Erguido y vetusto, con sus gastados balcones coronados asomados sobre el bullicio de la gran ciudad, le recuerda al visitante que hubo un tiempo que ya no existe. Y el palacio permanece, debatiéndose entre olvidarse y luchar, entre el fasto y la cochambre.

Abro la puerta y cruzo el portón verde que lo resguarda de la mirada ajena, agradeciendo la serenidad silenciosa del patio que me recibe con una promesa de refugio entre sus muros de piedra. Despacio, sobre la alfombra rasgada, sintiéndome huésped en mi propia casa, voy subiendo la majestuosa escalera doble que se extiende hasta el segundo piso, adentrándome en la vida que se esconde tras las puertas del palacio.

Una respuesta a «»

  1. En esta breve pero maravillosa descripción de la calle Esperanza, la autora nos mete de lleno en la vida de sus habitantes y nos hace
    partícipes de ella como si viviéramos allí incluido la entrada en el deslustrado palacio .
    Esta nobel escritora ya tiene escritos una serie de cortas narraciones referentes a la vida en África muy interesantes y lo mejor lo mucho que enganchan.
    fugio

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